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Maternidad

Adoro la lactancia materna 

Esta semana es la semana mundial de la lactancia materna y por ese motivo quiero compartir con vosotras mis emociones después de superar con creces más de once meses de lactancia. 

Lo primero que quiero contaros es que “adoro la lactancia materna”. Sin duda es lo más maravilloso y placentero para mí como madre. Y para mi bebé?? Más si cabe. 

Para un bebé es amor, consuelo, vínculo, seguridad, salud, protección, contacto, alimento, hogar, juego… Mucho más que leche.

 

Si habéis leído una de mis entradas anteriores sobre la lactancia, sabréis que para nosotros siempre ha sido fácil. Incluso al principio que por lo que parece suele costar un poquito más. 

Me siento muy agradecida. 
Antes de ser mamá tenía claro que quería dar pecho a mi hijo, costara lo que costase, siempre y cuando no supusiera un gran problema para nosotros. Me moría de ganas por saber cuál era la sensación de amamantar, de alimentar a mi hijo con mi propio cuerpo, tanto que hasta soñaba con ello. 

La primera vez que lo puse al pecho, con menos de dos horas de vida, sentí un placer infinito imposible de describir con palabras y me dí cuenta que estaba en el camino correcto.  

Once meses después, me alegro de haber tomado esa decisión y os aseguro que sigo sintiendo esa misma sensación en cada toma. 
Un hormigueo que va desde la boca de mi estómago recorriendo cada poro de mi piel. Aún sigo observándolo como lo hacía al principio, no puedo dejar de mirarlo. Sigo soltando esa lagrimilla cuando está a punto de dormirse con mi pecho en su boca, acaricia mi piel, pellizca mi cuello o toca mis labios buscando un recoveco por el que meter sus deditos y seguir jugando. Manías que ha ido cogiendo con el paso del tiempo y de las que yo disfruto cada día. Es tan tierno… Que es ahí cuando me siento más plena, llena de vida, y cualquier pena se olvida. 

Reconozco que hemos pasado por fases de agotamiento, desesperación, indecisión, miedo, inseguridad… Fases en las que incluso he dicho “hasta aquí” y que he luego han quedado en nada.  

En momentos así me he planteado quitarle el pecho, y he intentado dar el paso pero nunca me he sentido preparada. He buscado en mi cabeza infinidad de motivos por los que hacerlo y no he sido capaz de encontrar ni uno. 


“Todavía le das pecho?… Aun sigues con la teta?…  Te tiene de juguete… Madre mía, te va costar mucho quitársela…”

Si!!! Aún seguimos disfrutando de la lactancia materna y somos felices así, gracias. Lo que piensen, opinen, crean o juzguen los demás… Eso no es problema nuestro!! 

Porqué voy a quitarle el pecho ahora? Porqué tengo que hacerlo? Cuál es el motivo?  

El día que encuentre respuesta a esas preguntas, tendré claro que la lactancia habrá llegado a su fin. Pero de momento, soy feliz así, él es feliz así, y eso es lo único que importa. 

Para que adelantar acontecimientos?  No tengo necesidad de perderme momentos tan únicos como esos por el mero hecho de que cuando llegue la hora de hacer cambios vaya a ser más fácil. 

Y si no es así? Y si llegado el momento no es un trauma, sino todo lo contrario? Puede que llegue un día que no le apetezca mamar,  que esté tan entretenido jugando que no se acuerde de la teta en todo el día, o simplemente que llegue tan cansado de la guardería que duerma del tirón toda la noche sin necesidad de buscar mi pecho para poder volverse a dormir. Puede que sea así, o puede que no. Eso ahora mismo me da igual. Para que prohibirnos momentos de felicidad por miedo a que pasará después? 

Es como si una pareja no se diera amor suficiente pensando que, igual, uno de los dos algún día deje la relación y el sufrimiento será mayor… Pensadlo, de verdad, no tiene sentido. 
Así que yo, voy a seguir disfrutando con mi niño en brazos y no pienso perderme ni un solo segundo de la lactancia materna. 
Un besito y hasta el próximo post. 

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